enero 03, 2017

Movimiento

Era normal pasar algunas noches sola
dormirse un poco tarde y seguir a ratos
la ruta de un escalofrío que se aproximaba al cuello
y que antes de llegar a destino
me obligaba a repetir: ¡pero si está todo bien!

El silencio absoluto de esa noche me llevó a creer
que aquella ausencia no era de sonido sino de aire
y que mientras usaba mis últimas fuerzas en contener el aliento
la cama parecía girar dentro en un agujero que 
aunque lenta y amablemente
me conduciría a una inevitable caída.

Aunque yo, envuelta en un manto invisible
 no era capaz de mover ni una pieza,
recordé la danza
a mis amigas con quienes me sentía tan a gusto
los crótalos resonando a mi alrededor
las miradas cómplices
el amor y la música reproduciéndose en mi cabeza
una canción que comencé a tararear
y a bailar mientras me sumía en el más feliz sueño.


Para tararear

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