junio 03, 2016

Migrar I

Llevo 2 meses en Saturno.

La vida aquí es similar a la tierra, salvo que de cabeza a mi hogar. El planeta está muy bien cuidado, es hermoso y agradable. La comida es maravillosa, el agua sabe bien y el aire fresco permite un correcto funcionamiento del todo el cuerpo. No me he sentido enferma, y los dolores de cabeza sólo han llegado en ese inevitable día del mes en donde cualquier intento por frenarlo resulta inútil.  Saturno es así, todo pareciera ser correcto, perfecto, planificado y ordenado. Me he encontrado con algunos terrícolas en el camino, con los cuales he podido expresarme como solía hacerlo, pero no es de ello de lo cual quisiera hablar, sino de cómo es esto de vivir de cabeza:

Al no tener un dominio muy decente del idioma y costumbres saturneanas, he visto cómo mi discurso se simplifica, cómo en variadas ocasiones me abstengo de opinar, volviéndome el ser más condescendiente y adorable del universo. La timidez es inevitable en estas condiciones, y tengo la impresión que por este lado nadie me ha conocido como realmente soy o solía ser. ¿Cómo saludar? Mejor espero a que me saluden y respondo de igual manera... ¿cómo decir esto?, ¡ya sé!... oh, pero ya cambiaron el tema, ¡uf! El ser simple y de fácil trato de ha vuelto un estandarte, una manera de llevar esta nueva vida que asegura un buen trato. Es extraño y reconfortante al mismo tiempo, pues, acostumbrada a trabajar en pos de complejizar el entendimiento de las relaciones humanas, hace tiempo que no me permitía sentir esta simpleza, esta liviandad para interpretar y actuar sobre el mundo.

De noche vuelvo a la tierra. Sueño con mi familia, mi amor, mis amigos, mi antigua casa y a veces hasta con mi gata que se fue a la Luna hace 2 años. En esos momentos, sin embargo, siempre sé que pronto partiré. Me despido, abrazo, beso, y a veces las conversaciones se mezclan con el idioma saturneano, que de a poco va formando parte de mi configuración. La sorpresa llega en las mañanas, cuando descubro que ya me fui, que ese momento de tránsito sucedió hace 2 meses, que efectivamente estoy de cabeza y que es sólo por las noches cuando habito ese territorio fronterizo que, al parecer, existe únicamente para mí.

Extraña costumbre saturneana la de arrastrar un barco con caballos...